Muchos libros se escriben y se siguen escribiendo sobre el tema de Liderazgo. Tantos que pudiéramos llenar una biblioteca. No sólo la literatura es rica en este tema, sino que el tema del liderazgo fue llevado al cine con películas muy exitosas, como, por ejemplo, Invictus.
Más allá del significado de la palabra liderazgo, se habla también de distintos tipos de liderazgo, como si fueran especialidades o cualidades del mismo. Así encontramos, liderazgo personal, organizacional, situacional, de equipos, etc.
Hoy me voy a centrar en la persona que es nombrada supervisor/a, líder, gerente, jefe/a o cualquier otro nombre al que las organizaciones ponen a la persona que lidera un equipo.
Cuando se nos abre la posibilidad de ser líder de un equipo en las organizaciones en las que pertenecemos, muchas veces sentimos que nos falta preparación o a pesar de estar preparados, sentimos que se nos dificulta mucho liderar. Pasamos de liderarnos a nosotros mismos a liderar a otros; de tener responsabilidad por el trabajo propio al ser responsable por el trabajo de otros; a tener cierto “control” sobre nuestras tareas a tener que delegar en otros y así pudiera seguir describiendo lo que ocurre cuando transitamos el camino de ser un contribuidor independiente a un líder de equipos.
Como el aprender es aprender a hacer, comenzamos con nuestro aprendizaje y es esperable, como todo proceso de aprendizaje, que cometamos errores en nuestra nueva tarea.
Según una publicación de Harvard Business School, una persona que comienza a liderar equipos puede cometer los siguientes errores:

  • Perder la perspectiva de la situación general
  • Falta de objetivos claros
  • Falta de una red de contactos
  • Imposibilidad de delegar
  • Imposibilidad de dar, pedir o recibir feedback
  • Imposibilidad de pedir ayuda
  • Falta de confianza personal
  • Descuido de la vida personal

Más allá, que el artículo de la Universidad de Harvard, también trae una lista de “soluciones mágicas” de cómo evitar estos errores comunes, desde el coaching se nos abre la posibilidad de poder trabajarlos más profundamente, reconociendo que somos diferentes y que las “soluciones mágicas” no existen como tales. La solución radica en cada uno de nosotros, que sabemos que contamos con los recursos para encontrarla y nos hace falta un coach para que nos acompañe en su búsqueda.

Javier Rossi

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